Caesura

View Original

La entrevista encontrada de Vallejo

(O el Entrevero entre Vallejo y Spicer)

Tendime en són de tercera parte,

mas la tarde —qué la bamos a hhazer—

se anilla en mi cabeza, furiosamente

a no querer dosificarse en madre.

—César Vallejo, Trilce (IV)

Jack Spicer, el menudo poeta de After Lorca y otros sazonados poemas, viajó muy joven, casi un infante, a España con Hemingway, y tuvo ocasión de entrevistar a César Vallejo en julio de 1937, en Valencia, mientras participaba en el Congreso Antifascista de Escritores, junto a Buñuel, Malraux, Machado, Zambrano, Huidobro, Cernuda, Neruda, Paz, Garro, el mismo Hemingway y un largo etcétera. Hasta hace poco se la creía irremediablemente perdida, al punto que más de un lector atento de Vallejo habrá puesto en duda su misma existencia (Mazzotti 1998; Ortega 2004). Contra todo pronóstico, pero, una copia acaba de ser hallada entre los papeles del Archivo Hemingway del Museo Finca Vigía, en las inmediaciones de La Habana, por el poeta e investigador peruano Pedro Granados, quien la publicó en la revista del Vallejos sin Fronteras Instituto, que él dirige, en Lima; agradecemos desde ya su generosa autorización para republicarla en Caesura. [1]

He aquí, pues, sin quitar ni agregar cosa alguna (salvo los paréntesis cuadrados a modo de frugales anotaciones de lectura), la copia de la transcripción de Spicer. 

—Andrés Ajens


SPICER: — Mr. Vallejo, en una entrevista reciente [se trata sin duda de la conocida entrevista aparecida en “El Heraldo” de Madrid, dada por Vallejo a César González Ruano[2]] dice Ud. que “Trilce no quiere decir nada”. Y en seguida añade: “No encontraba, en mi afán, ninguna palabra con dignidad de título, y entonces sobrevino Trilce. ¿No es una palabra hermosa?” [aquí Spicer se desvía un tris, por descuido acaso o de pura inventiva, a lo dicho en su hora por Vallejo: “Ah, pues Trilce no quiere decir nada. No encontraba, en mi afán, ninguna palabra con dignidad de título, y entonces la inventé: Trilce. ¿No es una palabra hermosa? Pues ya no pensé más: Trilce”]. ¿Qué fuera más importante, amigo Vallejo: la invención en ciernes o la fidelidad pulcra a la experiencia en poesía? 

VALLEJO: — Falso dilema, sr. Spicer. O como dice el vecino orcopata [Gamaliel] Churata en el Titicaca: falso conejo. Si atendemos a que la “invención”, antes que mera operación deliberada, hallazgo o por ventura ocurrencia fuera. Subrayo entonces otra vez: “Y entonces sobrevino Trilce”. Pude haber dicho también: “Por ventura me ocurrió Trilce”. Y eso para nada se contrapone a una fidelidad tal vez tan inevitable como irrevocable con la ”experiencia” en poesía. U, otra vez, como “anán” y “urín” (o alaxpacha y manqhapacha) en los Andes, su anverso complementario fuera. 

SPICER: — A propósito de andes y desandes, ¿cómo le suena lo que Neruda habrá dicho de Trilce?

VALLEJO: — Me desayuna Ud., sr. Spicer. Ni idea tenía que el compañero Neruda se hubiera demorado en Trilce

SPICER: — Cito solo algunos pasajes de una carta suya a su amigo Morla Lynch, agente consular de Chile en Madrid, hace apenas unas semanas: “El libro de Vallejo me parece seco y espantoso. No veo qué objeto tenga […]. Es […] cruel, literario, estéril”.

VALLEJO:— ¿Seco y espantoso, literario y estéril? ¿Cruel — a la Artaud, pero? Mamma mia! Démosle una pizca de tiempo, un segundo acaso, al compañero Pablo. Seguramente en sus memorias, si llega a escribirlas algún día, dirá otra cosa [dicho y hecho; muchos años después, en Confieso que he vivido, Neruda se referirá a la poesía de Vallejo como“grandiosa” y aun “de dimensiones sobrehumanas”: ”Por esos días —escribe Neruda— conocí a Vallejo, el gran cholo; poeta de poesía arrugada, difícil al tacto como la selvática, pero poesía grandiosa, de dimensiones sobrehumanas”. Huélase también, hacia el final de la dicha memoria, el acápite “Vallejo sobrevive”]. No fuera por demás hora de torpedear ad hominem esta ya de por sí no poco frágil Alianza de Escritorxs. Si cae España,compañero Spicer… Con el vecino Huidobro, meridiano, otra cosa fuera; a menudo brindamos en París, y con Éluard y Picasso —à la vraie Rive Gauche. El otro día nomás García Lorca me “resumía” a sus ojos gitanos tal sabroso enigma alias trilceabundo enredo: “El siglo XX será trilceabundo o no será”. ¡Otro exagerado! [Cómo no olfatear por de pronto ahí Trilce XX, línea 20: “enredos de enredos de los enredos”]. ¡Salú, compañero Spicer!

C. Vallejo en el Congreso Antifascista de Escritores, Valencia, España, julio de 1937.(©Boris Makasaiev)

SPICER: — ¡Salú, compañero Vallejo! Y con este salú, este otro — a modo de última, ultísima pregunta. Hablando de El acorazado de Potemkin en su libro Rusia en 1931 [Ulises, Madrid, 1931], Ud. subraya tanto la “cesura” como el découpage alias montage en la poética de Eisenstein. Cito: “[L]a escala de imágenes, el découpage, la cesura de la composición, todo en la obra de Eisenstein parte […]”. En términos de cesura y découpage, del paso de Los heraldos negros (1919) a Trilce (1922) lo menos que se puede decir es que fuera uno de los más arrojados hoy por hoy en lengua de Cervantes. ¿Cómo diría que conviven, cómo se acuerdan y/o discuerdan, consuenan y/o disuenan, cesura y découpage en sus más recientes poemas? 

VALLEJO: — ¡Menudo salújilata Spicer! Para comenzar a responderle de manera algo económica y aun nómica: entre Hölderlin y Mallarmé — découpage y cesura. No se diga sin más que lo que el montaje “monta” (compone, opera, obra), la cesura (con cara de inconsciente freudiano a ratos) por la noche lo desmonta, tal enésima Penélope, pero. No se trata tanto de técnicas o de recursos composicionales (que hasta cierto incierto punto no dejan de serlo) sino de casos u ocurrencias textuales compañeras que nos salen al encuentro. Cesura y découpage (à la Mallarmé casi tal Dé-Coup-Âge), otra vez, como anán y urín en el Ande de Santiago [de Chuco], ya asimétricos (sin equivalencia entre sí) y sin apreciado valor ni jerarquía alguna. En cuanto a cesura, de cierto, en sus “Anotaciones” [Anmerkungen] a la traducción del Edipo de Sófocles, Hölderlin —quien traspone una noción métrica al momento por demás “crítico” del poema [“en la sucesión rítmica de las representaciones en que se presenta el transporte, aquello que en la medida de las sílabas se denomina cesura (Zäsur), la palabra pura (reine Wort), la interrupción antirrítmica, se vuelve necesaria a fin de ir al encuentro del cambio (reissende Weschel)[3]], menta, pues, una “palabra pura”, interrupción o desvío que ya no fuera sin más pura Palabra, Logos Verbum, sino morosa traza, seña y contraseña (“ein Zeichen wir sind”, con Eisenstein, in Mnemosyne); pausa, aliento desde ya, vibración o intensidad tácita alias, a ratos, “dialéctica en suspenso” , al decir de un vecino de Berlín con quien me cruzo a la entrada de la Blibliothèque Nationale a menudo. Las “cuestiones” sintácticas, gráficas como coreográficas, tal la prometida  “Philosophy of Point” en la Marginalia de Poe [Graham’s American Monthly Magazine, febrero de 1848], antes que las meras formales o temáticas, se vuelven cada vez más cruciales, indecidibles por momentos, hoy, abiertas. En suma, resta: incluso estaría casi dispuesto a suscribir que en el découpage (la cita, lo que resta) se juega o “actualiza” la memoria y en la cesura, tan prometida como sostenida, su hiato y su, por venir, entrevero — ce qui arrivece qui en reste. Dicho esto, compañero Spicer, Ud. me pregunta cómo todo eso se conjuga en mis más recientes poemas. Como fuera algo chusco tanta auto-referencia, le dejo aquí por ahora un antiquísimo cuarteto quechua-castellano no poco popular en el tambo de Santiago [de Chuco], que más de alguien atribuye, tan atrabiliaria como abigarradamente, ya a Guaman Poma, ya a Blas Valera — y aun al Inca Garcilaso:

Ñuqa aqha ujyani

en dos queros y sur

co la cesura real —

Guamanpi ima jina 

[Un quero, al decir de la tan real como irreal Academia de la Lengua: “del quechua qiru. Vaso coloreado de madera que usaban […] los incas en el sur del Perú”. La primera línea diera, en traslucine: “Bebo chicha”; la última: “como en Guaman (alias Waman)”].[4

J. Spicer, Fairfax, California, c. 1926. © K. Johnson

SPICER: — ¿Un último poema, compañero Vallejo?

VALLEJO: — ¡Qué manera de insistir, jilata Spicer! A ver, pues, a oler, esta yapa que, como su nombre lo indica, viene saliendo del horno — y que parte, reparte:

 

PARÍS, OCTUBRE DE 1936

 

De todo esto yo soy el único que parte.

De este banco me voy, de mis calzones,

de mi gran situación, de mis acciones,

de mi número hendido parte a parte,

de todo esto yo soy el único que parte.

 

De los Campos Elíseos o al dar la vuelta

la extraña callejuela de la Luna,

mi defunción se va, parte mi cuna,

y, rodeada de gente, sola, suelta,

mi semejanza humana dase vuelta

y despacha sus sombras una a una.

 

Y me alejo de todo, porque todo

se queda para hacer la coartada:

mi zapato, su ojal, también su lodo

y hasta el doblez del codo

de mi propia camisa abotonada.

[Yapa publicada por primera vez póstumamente en Poemas humanos, Les Editions des Presses Modernes, París, 1939, como me lo confirma Pedro Granados, a quien reitero aquí los agradecimientos].


[1] De P. Granados acaba de aparecer en edición bilingüe la antología Amerindios / Amerindians, con traslapes de L. Bary, S. Reiter e I. Goldemberg, Artepoética Press, New York, 2020.

[2] La entrevista puede leerse en traslucine al inglés de Kent Johnson y, en parte, el mío; cf. Ugly Duckling Presse, Brooklyn, 2014. Heraldo de Madrid

[3] Retomamos, con ligero desvío, traslape de P. Oyarzún Robles; “Hölderlin. Anotaciones al Edipo, anotaciones a la Antígona”, Revista de Teoría del Arte (4), U. de Chile, Santiago, 2016, pp. 79-115. 

[4] Otrosí: Guaman —en quechua ‘halcón’— operara como título honorífico y a la vez como nombre propio (aunque la noción de “nombre propio” periclita o al menos no se ajuste sin más a la “gramática” del Ande), justamente tal el caso del autor de El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno (c. 1613), Guaman Poma de Ayala. Pirque, Santiago, 7 de noviembre de 2020.